No estamos del todo seguros de cómo clasificar este escrito. Consta de historias —o más bien, narraciones—, así como de reflexiones y anécdotas. El contenido posee también un carácter poético. Creemos que lo más adecuado es definirlas simplemente como «narraciones».
Estos cuentos en este nuevo libro están escritos en un estilo muy especial que combina lo reflexivo con lo descriptivo, la acción con los sentimientos y resultan en una lectura amena y sorprendentemente profunda.
Este trabajo es un intento de aclarar y ordenar mis preguntas sobre el arte, y qué significado tiene para mí.
Este escrito es también un relato resumido sobre experiencias con el tema en las últimas 2 décadas, y no pretende ser una hipótesis o una propuesta sobre arte.
Estos escritos/fotos pertenecen a una colección llamada “La Foto del día”. Este proyecto fue realizado en los años 2005 y 2019. Originalmente las fotos son de mi autoría, todos los textos son de Fernando Aránguiz y todas las traducciones al inglés de Trudi Richards.
Si logro mantener dividida la atención entre mi entorno y la sensación de mi puño, en algún momento lograré despertar. Lo vengo intentando por 2 meses. Ahora voy de pie. Aprieto el puño. Atiendo al entorno, pero pierdo el puño.
No quise volver a casa inmediatamente. Necesitaba más tiempo para… si, tiempo, palabra esquiva y complicada desde que rompimos el encadenamiento. Antes era tan sencillo y fácil, atrás el pasado, adelante el futuro. Ahora “volver a casa” nunca era fácil
Las chispas encendían la noche, un pequeño pedazo de noche. El golpe de piedra contra metal mantenía el mismo ritmo, un ritmo de fe: uno más, uno más. Las chispas saltaban en todas direcciones y morían un instante antes del nuevo golpe.
Esta es una historia sobre mi padre. O, mejor dicho, sobre mi relación con mi padre. O quizá sería más exacto decir, sobre mi no-relación con mi padre.Mi padre, a quien todos llamábamos Pepe, era un ser humano especial.
Mi abuela despertó con dificultad esa mañana. Un fuerte resfrío la había mantenido despierta durante la noche, así es que, a pesar del sol que se filtraba por los postigos y que ya comenzaba a calentar el dormitorio, la abuela decidió permanecer en cama.
Llegué al oráculo a las 16:30. Un letrero a la entrada decía: Horario 9 a 17 horas. Esto me enfureció, aún más. Un camión que portaba cañerías de acero había estado bloqueando el camino por más de una hora. Ahora tendría apenas unos minutos para consulta
Conocí a Danny en 1974. Recuerdo que pasamos horas sentados en el suelo en el patio de una amiga en San Francisco, conversando en forma aleatoria y desordenada sobre “rarezas”, experiencias fuera de la lógica, cosas así.
Revisando fotos de los últimos años, me quedé sorprendido por la fuerza de una presencia femenina mayoritaria en los paisajes urbanos más diversos. Me acordé haber escuchado más de alguna vez eso de que “el lugar de la mujer está en la casa”,